El próximo sábado 24 de marzo, calles y avenidas de todo el país recibirán los rituales masivos de memoria colectiva que cada año se repiten para sumergir la conciencia en las macabras secuelas del golpe de Estado de 1976. El mismo día en que se produjo el quiebre en el orden consititucional democrático, hace 36 años, comandos militares tomaron por asalto los establecimientos de la naviera Astarsa con un fusil y una orden bajo el brazo: secuestrar a los insurgentes obreros que habían doblegado a la patronal mediante la toma del control de la fábrica.
2012 parece ser el año en que la Justicia comienza un derrotero virtuoso de reconstrucción y juzgamiento de las complicidades civiles de la dictadura. Hace pocos días, en un fallo histórico, los hermanos Emilio y Julio Méndez fueron condenados con penas de 15 y 11 años por haber prestado su chacra como centro clandestino de detención. El Tribunal Oral Federal reunido en el aula magna de la Universidad del Centro de Tandil definió a la dictadura como "cívico-militar" y ordenó investigar al directorio de la cementera Loma Negra por haber "inducido" el delito de privación de libertad del abogado laboralista Carlos Moreno.
Se espera que este año se trate también el postergado juicio por los desaparecidos de los astilleros. El abogado Pablo Llonto, querellante en muchas causas por crímenes de la dictadura, explicó -el sábado pasado, durante el festival por la Memoria y los Derechos Humanos del espacio kirchnerista Nuevo Encuentro- que las causas de zona norte vienen demoradas por "una combinatoria de trabas burocráticas, lentitud de ciertos jueces para acelerar los procesos y la falta de un lugar acondicionado para dar curso a los juicios orales". Sin embargo, aseguró que ya se consiguió una sala en San Martín que está a la espera de licitaciones.
La causa de los astilleros también desnudaría una trama en la que estarían implicados actores civiles que facilitaron la tarea de los uniformados. Ahora bien, ¿cuál es la historia de Astarsa?
2012 parece ser el año en que la Justicia comienza un derrotero virtuoso de reconstrucción y juzgamiento de las complicidades civiles de la dictadura. Hace pocos días, en un fallo histórico, los hermanos Emilio y Julio Méndez fueron condenados con penas de 15 y 11 años por haber prestado su chacra como centro clandestino de detención. El Tribunal Oral Federal reunido en el aula magna de la Universidad del Centro de Tandil definió a la dictadura como "cívico-militar" y ordenó investigar al directorio de la cementera Loma Negra por haber "inducido" el delito de privación de libertad del abogado laboralista Carlos Moreno.
Se espera que este año se trate también el postergado juicio por los desaparecidos de los astilleros. El abogado Pablo Llonto, querellante en muchas causas por crímenes de la dictadura, explicó -el sábado pasado, durante el festival por la Memoria y los Derechos Humanos del espacio kirchnerista Nuevo Encuentro- que las causas de zona norte vienen demoradas por "una combinatoria de trabas burocráticas, lentitud de ciertos jueces para acelerar los procesos y la falta de un lugar acondicionado para dar curso a los juicios orales". Sin embargo, aseguró que ya se consiguió una sala en San Martín que está a la espera de licitaciones.
La causa de los astilleros también desnudaría una trama en la que estarían implicados actores civiles que facilitaron la tarea de los uniformados. Ahora bien, ¿cuál es la historia de Astarsa?
Astilleros Argentinos Río de La Plata S.A. (ASTARSA) estaba conformada principalmente por capitales de la familia Braun Menéndez y llegó a ser uno de los astilleros más importantes del país. La planta ubicada en la zona costera de Tigre empleaba a 1500 obreros, de los cuales 700 eran navieros y 800 metalúrgicos. Además de reparar y construir barcos, arreglaban locomotoras, máquinas industriales y tractores.
Las condiciones de explotación laboral antes del control obrero eran infrahumanas. Se realizaban turnos de doce horas por reglamento, y era una certeza que por cada barco que se fabricaba (alrededor de catorce meses), se llevaba la vida de un obrero. La situación era vergonzosamente consentida por el Sindicato de Obreros de la Industria Naval, conducido por sectores del vandorismo.
La tensión fue in crescendo, y estalló cuando se produjo la muerte de José María Alesio, a principios de 1973. La indignación por el fallecimiento del obrero provocó la huelga general, que se montó sobre la consigna “Queremos un astillero, no un matadero”. Las asambleas obreras llegaban a convocar a 3500 trabajadores, que discutían las formas de encarar el conflicto.
Para entonces, la organización obrera comenzaba a recibir el influjo de nuevas camadas de jóvenes trabajadores vinculados a la Juventud Sindical de Montoneros, lo cual explica el sesgo combativo que adquirió la lucha.
El sindicato, pese a sus esfuerzos por disolver la lucha, no pudo frenar la recuperación obrera de Astarsa, que duró tres años. Las conquistas de esta experiencia fueron importantísimas: turnos de seis horas y 45 minutos, y la reincorporación de trabajadores despedidos por motivos políticos y gremiales desde 1965.
La noche se vino el mismo día del golpe militar. El 24 de marzo de 1976 a las 6:30 de la mañana, tres camiones se estacionaron en la entrada a la fábrica, mientras helicópteros vigilaban desde el cielo todos los movimientos, según testimonios de sobrevivientes. Los uniformados comenzaron a pedir documentos a todos los obreros que entraban y salían de la planta, comparando los nombres con la lista que la patronal les había suministrado.
Como saldo de ese operativo hubo sesenta secuestrados (que se sumaba a las detenciones en Mestrina, otra de las navieras de la zona). Todos ellos pasaron por la comisaría de Tigre. Una parte de ese grupo fue liberada y otra fue trasladada a Campo de Mayo. Allí es donde la historia se ensombrece. Lo concreto es que al día de hoy se desconoce el destino de 17 obreros de Astarsa succionados por la dictadura militar. Entre Astarsa y Mestrina suman treinta los obreros navales desaparecidos.
La experiencia de la recuperación de Astarsa en manos de los trabajadores y la cruenta represión militar que sufrieron tres años después marcaron a fuego la historia del movimiento obrero combativo durante la década del setenta.
La experiencia de la recuperación de Astarsa en manos de los trabajadores y la cruenta represión militar que sufrieron tres años después marcaron a fuego la historia del movimiento obrero combativo durante la década del setenta.
*Publicado en Lugar - Digital

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