martes, 13 de marzo de 2012

Tesina de grado: “Discriminación y medios. Análisis de representaciones periodísticas durante la ocupación del Parque Indoamericano”


Tutora: Myriam Pelazas, coordinadora en el Observatorio de la Discriminación en Radio y Televisión, Autoridad Federal de Servicios de Comunicación Audiovisual.

Tesina defendida en la Facultad de Ciencias Sociales el 27 – 12 - 2011




Conclusiones

El propósito de este trabajo era analizar las expresiones periodísticas discriminatorias vertidas a través de la radio y la TV, dirigidas a los manifestantes que tomaron el Parque Indoamericano de Villa Soldati. La intención era reponer en clave conceptual la trama simbólica en la que se fundaban esas declaraciones basadas en el prejuicio y el rechazo. Es decir, había que anudar esas expresiones en un marco contextual de compresión, ya no como frases ahistóricas, sino como manifestaciones de un estado cultural y de un sistema de creencias proclive a la estigmatización de la diferencia. Bajo estas premisas, fue necesario relevar gran cantidad de material audiovisual, proporcionado por el Observatorio de la Discriminación en Radio y TV. Como primera observación, podría decirse que en las coberturas analizadas no hubo una tendencia general bien marcada a incitar actitudes discriminatorias. De hecho, varios periodistas intentaron bajar un mensaje en contra de la xenofobia y la pobrefobia (sí hubo, por momentos, un recurso de espectacularización de la violencia como instrumento de marketing mediático).

Ahora bien, entre las varias expresiones estigmatizantes que son objeto de discusión en este trabajo (Eduardo Feinmann, Sandra Borghi, Eduardo Serenellini, etc.), sí podría formularse un patrón común de creencias discriminatorias. Con el objetivo de dar un cierre conceptual a la investigación, a continuación vamos a hacer hincapié en consideraciones que afectan en general a los casos de discriminación detectados.

En primer lugar, hubo una clara opción por mostrar en términos bélicos el antagonismo entre dos parcialidades: los “vecinos” y los “okupas”.
Palabras como “batalla campal” o “guerra” se instalaron como tópicos recurrentes en las crónicas periodísticas.

Efectivamente, toda protesta social instala una coyuntura de enfrentamiento, por lo cual sería irresponsable desde el punto de vista del profesionalismo periodístico no mostrar la conflictividad. Ahora bien, la opción por el sensacionalismo y la espectacularización, con zócalos y música de ambiente de película de guerra (ponderando el efecto dramático) exceden tal designio. Esta modalidad de representación de la noticia contribuyó a enardecer los ánimos ya de por sí caldeados, que redundaron en brutales manifestaciones de discriminación y violencia. 

Por otro lado, esta polarización entre grupos homogéneos y enfrentados fue representada a partir de una economía simbólica que enalteció las virtudes civilizadas de un Nosotros inclusivo (que comprende a los medios y a su público destinatario: los “buenos” vecinos) y a definir con sentido negativo a los “okupas”. La operación puede definirse a partir de la combinación de una autorrepresentación positiva y la heterorrepresentación negativa, y se corresponde con una jerarquización de las culturas de acuerdo a criterios de superioridad e inferioridad, progreso y atraso.

A razón de esto, se culpabilizó a la víctima, en la medida en que no se tuvieron en cuenta las causas estructurales (la negación del acceso a condiciones elementales de vivienda y sanidad) que llevaron al estallido de la protesta. La omisión del contexto en la representación favorece interpretaciones que estigmatizan a la víctima.

La negación del derecho a la vivienda es compatible con la tradición del derecho liberal, que reconoce, en situaciones de protesta en espacios públicos, un solo derecho, que es el de la libre circulación. No se tomó en cuenta, que las acciones de resistencia bien podrían haber sido el producto de una “alienación legal”[1], es decir, una situación por la cual el derecho no da respuesta a los intereses de la población, lo cual justifica medidas que fuerza que pongan en tensión la aplicación inflexible de determinado derecho.

Evidentemente, hubo un choque entre dos derechos constitucionales. En esta disyuntiva, las expresiones periodísticas analizadas se afincaron en una legalidad unívoca,  desconociendo o desestimando las reivindicaciones de los ocupantes, y reduciendo el conflicto a un hecho de solución policial. De esta forma, se identificó a la víctima como amenaza latente a los valores liberales.

Esta estigmatización responde a una previa clasificación y significación “racial” de los cuerpos, que eleva a unos y desprecia a otros. El portador del estigma es situado en los márgenes del sentido de “normalidad” dispuesto de manera etnocéntrica. Se sitúa al “okupa” en una posición “desacreditada”
[2], es decir, en una situación moralmente desfavorable en el marco de la sociedad. Opera un proceso de “racismo de la desigualdad”[3], por el cual se inferioriza al Otro empobrecido, que es tolerado en tanto y en cuanto no se subleve, y acepte los límites de su clase en la pirámide social. Si la Otredad permanece en los márgenes del sistema (en la degradación de los márgenes), no hay reacción dominante. Sin embargo, cuando el villero rompe el estereotipo a través de prácticas de resistencia, como la “okupación” de tierras, abandonando los márgenes e instalándose en el centro de la agenda pública, se producen los hechos de pobrefobia y discriminación.

La misma definición de “okupa”, con la utilización de la letra “k” en la escritura en el zócalo de las coberturas, supone una connotación negativa, que condiciona el tipo de recepción de la noticia y de la valoración de sus protagonistas.
El término acuñado, en este contexto no es neutral sino peyorativo, de manera que los ocupantes son mediáticamente posicionados en un lugar desacreditado. Por un lado, pone el acento en la condición de ilegalidad y delictualidad. Por otro lado, no se puede obviar que la letra “k”, en el sistema político argentino, presenta un valor insoslayable. Ese valor es concebido por los medios hegemónicos como puramente negativo, de manera que la manipulación lingüística, a través de la conversión de la palabra “ocupa” en “okupa”, resignifica la información, y no de manera inocente. Especulando con la asociación libre del televidente, se intentó deslizar, en cierta medida, el sentido de la toma de un parque público a la voluntad del gobierno nacional (o al menos a asociarlo a un espíritu de permisividad que tendría el gobierno en relación a “delitos” como la apropiación de un espacio público para la protesta).

Otro eje de análisis que recorrimos fue la cuestión de la xenofobia. Los “okupas”, que en general poseían rasgos de países limítrofes, fueron conceptualizados como potencialmente peligrosos, como sospechosos. Incluso, en algunos casos, fueron visibilizados como “invasores”, es decir, como responsables del estado de conflicto. De esta forma, se instala el origen nacional de los sujetos como causa del desorden público, en lugar de leer el trasfondo de exclusión que históricamente vulnera en sus derechos a las comunidades de migrantes externos.La discriminación se acentúa aún más a partir del estereotipo de origen aceptado socialmente: “los argentinos descendemos de los barcos”. Este estereotipo funciona como vector xenófobo al sugerir un presunto origen europeo, desconociendo otras corrientes inmigratorias relevantes como la altiplánica (a la cual se la piensa como decadente, contraria a la idea de progreso). Como vimos en el análisis de corpus, algunas declaraciones periodísticas apuntaron a una relación directa entre el origen extranjero y el delito de usurpación.
Para concluir, diremos que las expresiones periodísticas discriminatorias que deslegitimaron las acciones y la identidad sociocultural de los manifestantes del Indoamericano, sobre la base de la pobrefobia, el racismo y la xenofobia, plantean la necesidad de revisar el rol del periodismo y de su producción discursiva, considerando el alto grado de incidencia de la mediación periodística audiovisual en la conformación de la opinión pública. Los medios deberían coadyuvar (junto al Estado y las organizaciones de la sociedad civil) en la búsqueda de consensos para la lucha contra la discriminación, desarticulando las creencias y los prejuicios que validan las prácticas de exclusión simbólica y real.   




[1] Gargarella, Roberto, Op. Cit., p. 205.
[2] Goffman, Erving, Op. Cit., p. 14.
[3] Wieviorka. Michel, Op. Cit., p.111.



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